Cuando escogemos un grupo electrógeno es fácil centrar toda la atención en un dato, la potencia. Pero tener un grupo con suficiente potencia no significa necesariamente que lo estemos utilizando correctamente.
La forma en que distribuimos la carga, los equipos que conectamos o los picos de consumo que se producen durante una jornada pueden hacer que un grupo aparentemente bien dimensionado acabe trabajando fuera de las condiciones que le convienen.
Y es que los problemas no aparecen únicamente cuando exigimos demasiado al grupo electrógeno. Trabajar habitualmente con muy poca carga también puede ser perjudicial, especialmente en equipos diesel.
Por eso, antes de dimensionar un grupo electrógeno Dagartech, no sólo deberíamos preguntarnos cuántos kW necesitamos. Debemos entender qué conectaremos, cuándo funcionará cada equipo y cómo variará la demanda durante las horas de trabajo.
Veamos algunos de los errores más habituales.
Es probablemente una de las confusiones más habituales cuando comparemos grupos electrógenos.
Las kW miden la potencia activa, es decir, la que realmente utilizan los equipos para trabajar. Los kVA expresan la potencia aparente y tienen en cuenta también el factor de potencia de la instalación.
Por tanto, 100 kVA no equivalen necesariamente a 100 kW disponibles.
En muchos grupos electrógenos trifásicos se utiliza como referencia un factor de potencia de 0,8. En ese caso, un grupo de 100 kVA equivaldría aproximadamente a 80 kW de potencia activa.
100 kVA
Potencia aparente del grupo
× 0,8
Factor de potencia de referencia
≈ 80 kW
Potencia activa aproximada
Parece una pequeña diferencia cuando la vemos sobre el papel, pero ignorarla puede hacer que dimensionemos el grupo pensando que tenemos más potencia disponible de la que realmente podemos utilizar.
¿Cómo lo evitamos?
Antes de comparar modelos, debemos saber si los consumos de los equipos están expresados en kW o kVA y trabajar siempre con las mismas unidades y con el factor de potencia correspondiente.
Los kVA indican la potencia aparente del grupo, pero no equivalen directamente a los kW que podemos conectar con ellos.
Otro error muy habitual es sumar el consumo nominal de todos los equipos y escoger el grupo electrógeno únicamente a partir de esa cifra.
El problema es que determinados motores eléctricos pueden necesitar mucha más potencia durante los primeros instantes del arranque que cuando ya están funcionando con normalidad.
Bombas, compresores, hormigoneras o determinadas herramientas eléctricas son buenos ejemplos de ello.
Esto puede provocar una situación aparentemente contradictoria: sumamos los consumos y el grupo parece tener potencia suficiente, pero cuando arranca uno de los motores más exigentes la tensión cae, saltan las protecciones o el grupo no responde correctamente.
También debemos tener en cuenta cuando arrancan los diferentes equipos. Conectar varias cargas importantes simultáneamente puede generar un pico muy superior al que tendríamos si las pusiéramos en funcionamiento de forma escalonada.
¿Cómo lo evitamos?
Debemos dimensionar el grupo teniendo en cuenta tanto el consumo habitual como los picos de arranque y, siempre que sea posible, planificar la entrada de las cargas más exigentes.
Un grupo puede soportar perfectamente el consumo habitual de una instalación y quedarse corto justo en el momento de arrancar un motor.
Aquí encontramos probablemente uno de los errores más interesantes.
Demasiado cargado
Todos podemos entender que hacer trabajar un grupo electrógeno constantemente al límite o por encima de su capacidad no es una buena idea. Podemos provocar sobrecalentamientos, caídas de tensión, actuaciones de las protecciones y aumentar el desgaste de distintos componentes.
Demasiado poco
Lo que puede resultar menos evidente es que ir al otro extremo tampoco es necesariamente mejor.
Un grupo electrógeno diésel sobredimensionado que pasa muchas horas trabajando con una carga muy baja puede no llegar habitualmente a las condiciones óptimas de temperatura y funcionamiento del motor. Con el tiempo, esto puede favorecer la acumulación de hollín y residuos de combustión y acabar afectando al rendimiento y al mantenimiento.
Por tanto, comprar un grupo mucho más potente de lo que necesitamos simplemente para tener margen no siempre es la decisión más conservadora.
¿Cómo lo evitamos?
Dimensionando al grupo según la carga que tendrá habitualmente y dejando el margen necesario para absorber variaciones y picos, pero sin multiplicar innecesariamente la potencia «por si acaso».
Sobredimensionar un grupo electrógeno no siempre nos da mayor seguridad: trabajar habitualmente con poca carga también puede provocar problemas.
En un grupo electrógeno trifásico no sólo importa cuánta potencia estamos utilizando en total. También importa cómo está repartida entre las tres fases.
Imaginemos, por ejemplo, un grupo trabajando en una obra.
Con el tiempo vamos conectando iluminación, herramientas, una casita de obra y distintos equipos monofásicos. La suma total puede seguir estando perfectamente dentro de la capacidad del generador, pero si buena parte de estos equipos terminan conectados a la misma fase podemos crear un desequilibrio importante.
Es decir, podemos tener capacidad disponible en el grupo y, al mismo tiempo, estar sobrecargando una de las fases.
Este desequilibrio puede provocar problemas de tensión, calentamientos y funcionamiento menos estable de la instalación.
¿Cómo lo evitamos?
Distribuyendo las cargas monofásicas de forma equilibrada entre las tres fases y revisando el reparto cuando añadimos o retiramos equipos de la instalación.
En un grupo trifásico no sólo importa la carga total: también debemos vigilar cómo la repartimos entre las tres fases.
Las necesidades de un grupo electrógeno no terminan en la lista de equipos que conectaremos.
También debemos preguntarnos donde tendrá que trabajar.
La temperatura ambiente, la altitud o las condiciones de ventilación pueden afectar al rendimiento del grupo. En determinadas condiciones, la potencia efectiva disponible puede ser inferior a la potencia nominal indicada por el fabricante, un fenómeno conocido como derating.
Y todavía hay otra variable, no todas las cargas eléctricas se comportan igual.
No es lo mismo alimentar motores y herramientas de una obra que equipos electrónicos sensibles, sistemas SAI, variadores de frecuencia u otras cargas no lineales. En estos casos pueden aparecer armónicos o necesidades específicas que también deben tenerse en cuenta a la hora de dimensionar y configurar el grupo.
¿Cómo lo evitamos?
No dimensionando al grupo únicamente a partir de una suma de potencias. Debemos tener en cuenta el entorno de trabajo y el tipo concreto de equipos que tendrá que alimentar.
La potencia que necesitamos sobre el papel no es el único factor: también importa dónde y en qué condiciones trabajará el grupo.
Como hemos visto, sumar los kW de todos los equipos puede darnos una primera referencia, pero no es suficiente para elegir correctamente un grupo electrógeno.
Imaginemos una obra en la que necesitamos alimentar una hormigonera, una bomba de agua, diferentes herramientas eléctricas y la iluminación.
≈ 10 kW
Consumo habitual del ejemplo
Podemos tener, por ejemplo, un consumo habitual de unos 10 kW. Si nos limitáramos a esta cifra, podríamos pensar que sólo necesitamos buscar a un grupo que la supere con cierto margen.
01
¿Pero qué ocurre cuando arranca la bomba?
02
¿Y si coincide con la hormigonera?
03
¿Qué factor de potencia tienen los equipos?
04
¿Funcionarán todos a la vez?
05
¿Cómo vamos a distribuir las cargas entre las fases?
Es ahí donde comienza el dimensionamiento real.
Debemos mirar
¿Por qué es importante?
Consumo habitual
Nos indica la potencia que necesitaremos durante el funcionamiento normal
Picos de arranque
Nos permite absorber el arranque de motores sin provocar caídas
Horas de funcionamiento
Nos ayuda a determinar el régimen de trabajo que necesitaremos
Monofásico o trifásico
Condiciona la conexión y el reparto de las cargas
Entorno de trabajo
Temperatura, altitud o ventilación pueden afectar al rendimiento
Tipo de equipos
Motores, electrónica o variadores pueden tener necesidades muy distintas
Por tanto, en el ejemplo anterior no escogeríamos directamente un grupo a partir de los 10 kW. Deberíamos analizar cómo se comporta realmente la instalación y cuál es el momento de máxima demanda antes de decidir la potencia adecuada.
Cuando un cliente nos pregunta qué potencia necesita, saber que está buscando un grupo de 40, 60 o 100 kVA nos da información, pero no nos explica necesariamente qué grupo necesita.
Desde Boadella Vallsmadella, miraríamos qué tendrá que alimentar, qué motores habrá, cómo arrancan, cuántas horas funcionará el grupo, si las cargas son monofásicas o trifásicas y en qué entorno tendrá que trabajar.
Es esta información la que nos permite valorar correctamente la potencia y configuración del grupo electrógeno.
Porque, al final, dimensionar bien un grupo Dagartech no consiste en buscar el que tenga más kVA, sino el que pueda asumir nuestra carga real y trabajar en buenas condiciones durante las horas que necesitamos.